20 de septiembre
Eustaquio
Mártir,
siglo II

La incomprensible visión tuvo la propiedad
de salvar la vida del ciervo y de transformar al invicto general Plácido en el
penitente y desdichado Eustaquio.
De ahí en más y por la Gracia de Dios, la vida de
Eustaquio fue una incesante serie de infortunios. Por empezar, cuando con su
familia se dirigía hacia Egipto para escapar de los efectos de una terrible
hambruna, a fin de cobrarse el viaje el capitán del barco se quedó con
Teopista, la hermosa mujer de Eustaquio. Trascartón, una vez desembarcado, al
atravesar un yermo sus hijos le fueron arrebatados por animales salvajes. Agobiado,
se empleó como siervo de un humilde y
bruto campesino, hasta que acosado por sus enemigos el emperador Trajano envió
a buscar a su antiguo general.
El espíritu patriótico de Eustaquio lo llevó
a aceptar la comisión y, sin saber si agradecer a los dioses paganos o al Dios Verdadero, entre los soldados recién alistados encontró a sus dos hijos,
a los que creía muertos y quienes de camino hacia el campamento militar habían
descubierto en una humilde campesina nada menos que a su madre, seducida,
abusada y abandonada por el capitán del barco.

De ahí a la muerte de Eustaquio y toda su
familia no había más que un paso. Abrasado dentro de un toro de bronce calentado
al rojo vivo, su cuerpo salió de ahí incólume, pero muerto.
A partir del tan significativo papel que
los animales jugaron en su vida se piensa en él como patrono de los cazadores,
guardabosques y guardias forestales.
Suena tan contradictorio como
incomprensible, pero tal fue el designio del Señor, que todo lo puede
No hay comentarios:
Publicar un comentario