lunes, 24 de marzo de 2014

24 de marzo

Diego de Cádiz


Misionero de 1743 – 1801.

Huérfano de familia ilustre, luego de estudiar Lógica y Matemáticas con los dominicos de Ronda, para cumplir con las tres metas que se había fijado en la vida –ser capuchino, misionero y santo–  ingresó al Colegio de los Hermanos Menores de Sevilla. 
Considerado el gran predicador de la Divina Pastora de las Almas, que viene a ser nada menos que la Purísima en ropas de humilde pastora al cuidado de su rebaño, José Diego pronto se destacó por la peculiaridad de sus dotes oratorias.
Convencido de que el Señor lo había designado apóstol de España,
por su celo y oratoria llamado el segundo san Pablo, se permitió en Sevilla usar el púlpito del Patio de los Naranjos de la Catedral, desde el que sólo habían perorado san Vicente Ferrer, san Francisco de Borja y el Venerable Maestro Juan de Ávila.
Decidido a presentar batalla a las ideas disolventes de la Ilustración y a sus propagadores, la emprendía hasta con la mismísima corte de España, pero hacía unos sermones tan bonitos que ni la Inquisición ni, en última instancia, las autoridades civiles y militares lo molestaron gran cosa.
Tampoco lo molestó san Pedro quien con la ayuda del vómito negro, un 24 de marzo de 1801 le abrió de par en par las puertas del Cielo.


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