martes, 6 de agosto de 2013

6 de agosto

Justo y Pastor 

Niños, m. hacia el 300


En tiempos de la gran persecución de Diocleciano, estos dos imprudentes colegiales españoles se presentaron ante el procónsul Daciano para recitarle el catecismo.
El procónsul Daciano los hizo santos cortándoles las cabezas.
Ocurrió en el 304, en Alcalá de Henares.
En la santa iglesia magistral de Alcalá de Henares se conserva y se expone a la veneración una piedra que en uno de sus lados tiene una cavidad. La piedad popular quiere que sea la señal de una de las rodillas de los santos niños al hincarse para ser decapitados.
Justo y Pastor tenían 7 y 9 años respectivamente cuando se negaron a abjurar del cristianismo. El Señor los perdonó: no sabían lo que hacían.

lunes, 5 de agosto de 2013

5 de agosto

Afra 

Mártir, m. hacia 304

La licenciosa chipriota Hilaria, sacerdotisa de un templo dedicado a la Venus, había llegado a Baviera junto a su hija Afra para propagar mediante el ejercicio de la fornicación el orgiástico culto a la diosa, quehaceres en los que educó a la joven, quien pronto destacó por su belleza, denuedo y prodigalidad. Experta en todas las artes del oficio, Afra pudo proporcionar a la diosa más de un nuevo acólito.
En cierta ocasión, quiso el Señor que en Hispania los cristianos fueran víctimas de una persecución tan sangrienta que el obispo Narciso y su diácono Félix se vieran obligados a huir a la Germania. Al llegar a Augsburgo pidieron refugio en la primera casa que encontraron. Resultó ser la de la sacerdotisa de Venus.
La madura Hilaria, que también llegaría a santa pero que por el momento se conformaba con ser madama, los tomó por clientes y los acogió con hospitalidad.
Antes de la comida los hombres se dispusieron a rezar, momento en que sus rostros se transfiguraron irradiando una paz celestial. La escena perturbó tan hondamente a Afra que, contra su costumbre, cubrió su cuerpo con un manto y sirvió a los huéspedes retraída y parca en palabras y zalamerías. Tan circunspecta estaba que oyó (porque no fueron sus huéspedes sino una Voz) de la poderosa fe de los cristianos, de su fidelidad hacia su Dios, con frecuencia probada con el martirio y la muerte. Cayó entonces a los pies del obispo y suplicó: “¡Marchaos de aquí, yo soy el ser más ignominioso de toda la ciudad!”.
Al enterarse de su profesión y toda su inmundicia, Narciso no huyó espantado ni la cubrió de insultos, como hubiera hecho cualquiera, sino que la consoló y le habló de Jesús y María Magdalena. Lo hizo con tanta convicción que Afra derramó lágrimas amargas y decidió cambiar su estilo de vida. Acogió a los fugitivos sin intentar inducirlos a la adoración de Venus y puso su casa a disposición para celebrar la comunión, lo que a primera vista puede hoy resultar chocante, pero recuérdese que se trataba de tiempos de oscuridad e ignorancia.
El celo de Afra se contagió a su madre Hilaria y ambas abrazaron a Dios con aún mayor pasión que al más adinerado de sus clientes.
Los adictos a Venus tomaron el cambio de actitud de Afra como un capricho femenino y al principio se burlaban de ello, mas cuando se percataron de que su vocación era seria, despechados, la denunciaron a las autoridades.
El juez Gayo, frecuente visitante de nuestra santa, le aconsejó que para salvarse, ofreciera sacrificios a los dioses, pero Afra replicó: “Me ofrezco a mí misma y sólo por Jesucristo, a fin de que mi cuerpo mancillado se purifique”.
Impresionado por el irracional fanatismo de la hermosa muchacha, Gayo la desnudó ante una muchedumbre ávida de espectáculos fuertes, y ordenó que se la azotara hasta sangrar, mientras Afra agradecía a viva voz esos dolores como expiación a sus pecados. Luego de ser bárbaramente torturada, ardió por última vez sobre una hoguera, el año de Gracia 304.
Hilaria y tres pupilas del templo, que también habían abrazado la Fe, no tuvieron un final más piadoso: fueron encerradas en una bóveda y asfixiadas con humo, para escarmiento de todas las putas cristianas de la localidad.




domingo, 4 de agosto de 2013

4 de agosto

Justo 

Obispo y ermitaño, m. en 390
Obispo de Lyon, tomó parte en el Concilio de Aquilea y administró su diócesis sin mayores sobresaltos hasta que un loco homicida, que era perseguido por la multitud, buscó refugio en la iglesia. La turba, furiosa, exigió su entrega amenazando con prender fuego a la Casa de Dios, sucursal Lyon. Justo les hizo prometer que no maltratarían al infeliz y acto seguido lo entregó. Y acto seguido al acto seguido, el populacho lo mató.
El suceso perturbó a Justo de tal modo que renunció a su cargo y viajó a Egipto, a lamentar su torpeza entre los anacoretas del desierto, donde llevó una vida insignificante, pero ya no perjudicó a nadie más.
Contraindicado para el derecho de asilo, volvió a su diócesis en forma de reliquias.

4 de agosto

Violeta

Virgen y mártir, m. 362

Martirizada en 362 por orden de Sapor rey de Persia junto a otros nueve mil cristianos cautivos. 
Todos fueron al Paraíso, pero sólo ella se sentó a la vera del Señor. 
¿Por qué? ¿Es que no había más vírgenes entre las víctimas?

sábado, 3 de agosto de 2013

3 de agosto

Cristóbal 

Mártir, siglos III‑ IV

Con semejante nombre no podía esperarse que el pagano Réprobo fuera modelo de virtud. Oriundo de Palestina, este gigantesco hijo de un herrero estaba obsesionado por el deseo de servir al señor más poderoso de la tierra, al que creyó encontrar en la persona de un violento jefe tribal que pasaba por ser un rey muy importante. Pero pronto nuestro gigante sufrió su primera gran decepción: su idolatrado rey se ponía a temblar ante la sola mención de Satanás. 
–¿Entonces temes a alguien más poderoso que tú? –dijo, más que preguntó, Réprobo–. En tal caso he de abandonarte”.
Y, dicho y hecho, partió hacia tierras salvajes en busca de Satanás.
En una noche de tormenta le salieron al cruce doce caballeros; uno de ellos, con armadura negra montado en un corcel de igual color, le dijo:
Yo soy aquél a quien buscas.
Y Réprobo entró inmediatamente a su servicio.
Mas en cierta ocasión en que los caballeros se encontraron con una modesta cruz erigida a la vera del camino, Satanás emprendió la huida con su hueste, dando un gran rodeo para evitar el lugar.
–¿Por qué has huido de este signo? –preguntó Réprobo.
Satanás, que no conocía la verdadera catadura de su nuevo servidor, confesó:
Hubo una vez un tal Cristo, a quien clavaron en la cruz. Siempre que lo veo, el miedo se apodera de mí.
Réprobo lo abandonó al instante y marchó en pos del tal Cristo, pero buscó en vano, hasta que un día un ermitaño, con quien se topó junto a un río, le explicó que el señor que buscaba exigía a sus seguidores, ante todo, ayuno, oración y buenas obras.
–Constrúyete aquí una choza y lleva los viajeros a la otra orilla –dijo el ermitaño.
Réprobo estaba tan ansioso de verse sometido a cualquier autoridad, aun a la de un andrajoso ermitaño, que obedeció sin chistar y desde ese momento se abocó a cruzar el río, día y noche, con los viajeros a cuestas.
Un atardecer oyó que un niño lo llamaba; se levantó, puso al niño sobre sus hombros y lo llevó entre las olas, pero a cada paso la carga iba volviéndose más pesada.
–Niño –se quejó Réprobo–, pesas tanto como si yo llevara todo el mundo sobre los hombros.
Y el niño, que como los lectores ya habrán adivinado no era otro que Nuestro Señor Jesucristo, replicó:
No sólo llevas el mundo sobre tus hombros, sino también a aquél que lo creó. En adelante te llamarás Cristóbal, el portador de Cristo.
Al llegar a la orilla, Réprobo clavó en tierra su cayado, que se transformó en un poderoso árbol. Impresionado por el portento, fue desde ese instante, Cristóbal.
Según san Ambrosio, Cristóbal convirtió a la Fe a más de cuarenta y ocho mil almas antes de morir en el martirio a que lo sometió un rey pagano dispuesto a demostrarle que era él y no un niño quien mandaba en esos parajes.
Patrono de Hildesheim, Rosenberg, Stugart y Würzburg, es protector de los conductores de automóviles, los arqueros, los encuadernadores de libros, los pilotos y del tráfico aéreo en general, siendo de gran ayuda a los marineros, los carpinteros, los montañistas y los niños débiles.
Siendo uno de los catorce santos auxiliadores, se lo invoca contra la muerte sin arrepentimiento, los demonios y el dolor de muelas. 
La contemplación de su imagen por la mañana es un reconstituyente ideal para conservar la energía vital hasta la noche.




viernes, 2 de agosto de 2013

2 de agosto

Pedro de Osma



Obispo, 1049-1109
Monje modelo nacido en Bourgues, Francia, que tras una brillante carrera militar al servicio de señores terrestres, ingresó al monasterio de Cluny para ponerse al servicio del Señor Verdadero, el mismo que lo había ilustrado sobre la vacuidad de las vanidades del mundo.
A pedido del rey Alfonso VI fue enviado a Castilla junto a Bernardo de Sauvetat y otros monjes, quienes reorganizaron el monasterio de Sahagún y, en consecuencia, la Iglesia Católica a medida que el Islam iba retrocediendo en España. Primeramente monje, después archidiácono de la Iglesia de Toledo, fue finalmente, elevado al obispado de Osma.
Murió el 2 de agosto de 1109, en Palencia, de enfermedad de peste, cuando asistía a los funerales del rey Alfonso VI.
Considerado santo de inmediato, propició numerosos milagros, aun en vida. En cierta oportunidad, se acercó a un río, bendijo un cardumen y con mucha tranquilidad tomó uno de los peces que tras la bendición había quedado pacíficamente en la orilla. Una vez frito, lo comió y a continuación curó a un hombre de lo que entonces se daba en llamar fiebres tercianas y hoy conocemos como producto del plasmodium, un protozoo transmitido por la picadura de la hembra del mosquito anofeles. Esto ha hecho a la invocación a Pedro recomendada protección contra el paludismo.
Por la misma razón los peces no lo consideran su patrono.
Comparte su día con Teodota, quien, denunciada por el prefecto Lucacio cuando rehusó su propuesta de matrimonio, fue arrojada dentro de un horno caliente junto a sus tres hijos.
Ocurrió en Nicea durante el siglo IV, cuando los cristianos acudían al martirio como hoy van de shopping: en familia.

jueves, 1 de agosto de 2013

1 de agosto

San Friardo de Nantes



Anacoreta, m. en 570

Piadoso campesino que veía la naturaleza como entera obra de Dios: cuando pisaba un nido de avispas, exclamaba “¡Dios me asista!”. Y en cada oportunidad salía ileso de esa situación, tal vez porque inmediatamente después, echaba a correr.
En una ocasión, clavó en tierra un palo seco, y cuando al cabo de un tiempo volvió a pasar por el lugar, lo encontró convertido en un árbol. Ignorante del proceso de reproducción por esquejes, lo consideró un milagro.
Decidido a hacerse anacoreta, construyó una celda en una isla cercana a Nantes, donde cobró fama de santidad y pronto su presencia era reclamada ante cada árbol que se secaba, a fin de que volviera a dar frutos.
Patrono de los campesinos y viticultores, es recomendado contra la fiebre y las enfermedades renales.
Comparte su día con Almeda, princesa británica que fue cruelmente martirizada en el siglo VI por haber preferido la mano de Cristo a la de un apuesto y encantador príncipe.
Santos tiempos aquellos, nos dice el abate Francsenac, en que el Redentor formaba parte de las dificultades nupciales de una princesa de Gales.