viernes, 13 de diciembre de 2013

7 de diciembre

Ambrosio



Obispo, m. hacia 397
Hijo del prefecto de Roma, siendo niño de cuna lo pusieron en el jardín del palacio. Un enjambre de abejas se posó en su cara de manera que quedó cubierta por completo. Las abejas entraban y salían de su pequeña boca como si fuera un panal. A continuación volaron tan alto que se perdieron de vista. Su padre, asustado al ver todo esto, exclamó: “Este niño va a ser algo grande”.
Y lo fue.
Obispo de Milán contra su voluntad, fue consejero de tres emperadores, luchó contra los herejes y bautizó a san Agustín.
Patrono de los apicultores, protege a las abejas, los gansos, los panaderos  y otros animales domésticos

6 de diciembre

Nicolás 

Obispo, m. hacia 345 
También conocido por su nombre holandés, Santa Claus, Nicolás fue, ya desde infante, tan devoto y observante que los días viernes llegaba a rehusar el pecho materno.
Al quedar huérfano se vio obligado a un ayuno más prolongado, pero se encontró dueño de una gran fortuna que no trepidó en dilapidar entre los más pobres y necesitados, dando así inicio a una portentosa saga de milagros. El primero de ellos tuvo lugar cuando, enterado de que tres jóvenes vecinas, a quienes su padre no podía darles dote, se encontraban a punto de prostituirse, envolvió trozos de oro y joyas en tres pañuelos y por la noche los arrojó a través de la ventana. Las jóvenes salieron prestamente a la calle para atender a tan generosos clientes, pero no vieron a nadie.
Por su virtud Nicolás fue elevado a la silla episcopal de Myra, en la
actual Turquía, donde continuó propiciando milagros. Durante una gran hambruna distribuyó panes entre los pobres –lo que le valió ser tenido por patrono de los panaderos– y, de visita en casa de un carnicero, se sorprendió durante la cena cuando su anfitrión le sirvió un plato con carne. Receloso, bajó a la bodega, descubriendo ahí los cadáveres de tres niños conservados en salmuera, a los que de inmediato devolvió a la vida.

Su fama de milagrero se extendió desde Mira a todo el imperio. Salvó de los temporales a muchos navegantes, a niños maltratados de manos de sus opresores y mediante un acto de piratería, a la propia Mira, durante otra hambruna, apareciéndose al armador de un barco de cereales y ordenándole que pusiera rumbo a la ciudad.
Los milagros se incrementaron luego de su muerte y cuando los sarracenos ocuparon Mira, dos ciudades litigaron por la posesión de sus reliquias, objeto de gran veneración popular y centro de atracción del turismo religioso, la única industria relativamente próspera del Medioevo.
Puesto que, al igual que las ideas, los santos son del primero que se los roba, la cuestión quedó zanjada el año 1087 cuando un grupo de marineros de Bari hurtó sus restos, que descansan al día de hoy en la basílica de san Nicolás, dentro de un valioso sarcófago del que fluye una humedad de carácter balsámico y propiedades milagrosas.
Patrono de Bari, Amberes, Amiens, Berlín, Grecia, Nápoles, París,
Sicilia, Venecia y Wismar, además de a los panaderos protege a los farmacéuticos, los fabricantes de bisagras y charnelas, los cerveceros, toneleros, barqueros, bomberos, pescadores, balseros, así como de los maestros de enseñanza primaria, botoneros, vendedores de grano, tenderos, pañeros, marinos, carniceros, tejedores, comerciantes de vino, niños en salmuera, escolares, peregrinos y viajeros en general.
Útil para encontrar objetos robados y de gran ayuda para las muchachas que quieren casarse, la liberación de los presos y la esterilidad conyugal, es invocado contra los juicios erróneos, los peligros del mar y las tempestades.

5 de diciembre

Sabas

Anacoreta, 439 - 532

Multimillonario turco hijo de un importante comandante del ejército, dilapidó su fortuna en la construcción de dos hospitales y siguiendo el consejo de san Eutimio, se preparó para la vida de anacoreta. Retirado al desierto de Palestina, elaboraba cincuenta canastos por semana que entregaba a un monasterio.
Tejiendo canastos, acarreando agua y consiguiendo leche para alimento de los demás monjes anacoretas, trascurrió nueve años, en los que luchó sin pausa contra las tentaciones del maligno.
Llegó a guiar a 150 monjes en la proximidad del Mar Muerto. Como por allí faltaba el agua, un día el santo, al observar los movimientos de un asno, mandó excavar en ese sitio y apareció una fuente de agua.
Amante de la paz y la soledad, se retrajo al desierto de Escitópolis y pernoctó en una cueva. A medianoche sintió de pronto que algo o alguien tiraba suavemente del borde de su hábito. Un león, cuya morada había elegido sin saberlo, estaba a punto de arrastrarlo fuera de una cueva. Pero Sabas le dijo con amabilidad: “Criatura de Dios, la cueva es bastante grande para los dos”. Evidentemente el león no estuvo de acuerdo, pues lo miró largo rato sin decir palabra, se dio la vuelta siempre en silencio y se alejó para ya no regresar jamás.
A los noventa y cuatro años de edad, siendo famoso en todo Oriente, y habiendo gastado gran parte de su vida en oración, meditación y dirección espiritual, murió el 5 de diciembre del año 532.
Su monasterio, cerca del Mar Muerto, es uno de los tres monasterios más antiguos que existen en el mundo. La fuente que hizo brotar, todavía surte de agua a los alrededores, y las palmeras hijas de las que él mismo sembró, aún siguen alimentando con sus dátiles a los monjes que allí viven santamente
Comparte el día con Crispina, martirizada en Tebaste por haber preferido al Dios Todopoderoso que no la defendió, a los dioses de Dioclesiano, que la dejaron si cabeza.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

4 de diciembre

Bárbara

Virgen y mártir, muerta en 237. 
Además de pagano, Dióscoro era un padre celoso, aquejado presumiblemente de una severa perturbación mental que lo llevó a la singular idea de encerrar a su hija Bárbara en una alta torre a fin de que ningún hombre pudiera ver su extraordinaria belleza. Sin embargo, un cristiano masculino, del que se carece de mayores datos, conseguía hacerse camino hasta el interior del reducto para introducir la Fe en la hermosa muchacha.
Cuando Dióscoro tuvo que ausentarse por negocios, ordenó que se construyera un nuevo cuarto de baño en la torre. Bárbara pidió a los albañiles que en vez de dos, el baño dispusiera de tres ventanas. Por alguna extraña razón, creía ver en ellas el misterio de la Santísima Trinidad. Como si eso fuera poco, Bárbara colgó una cruz en la pared.
A su regreso, Dióscoro, fuera de sí, desenvainó su espada y
pretendió asesinar a su descarriada hija, pero ella huyó a campo traviesa y se ocultó en una cueva.
Un pastor la delató (y recibió su merecido, pues ipso facto el Señor convirtió a sus ovejas en langostas y a él mismo en una piedra). Dióscoro llevó a su hija a casa, arrastrándola de los pelos, pero al ver que ni las amenazas, los golpes o el hambre podían contra su Fe, la entregó al juez.
Bárbara fue violentamente azotada por orden del magistrado, pero por la noche se le apareció un ángel, la fortaleció con el cáliz y la sagrada hostia y curó sus heridas, de manera tal que a la mañana siguiente lucía más encantadora que nunca.
Ante la contumaz rebeldía de la joven el juez se vio obligado a aplicar todo el peso de la ley y, tras infligirle horribles torturas, ordenó que se le arrancaran los pechos.
Otra joven, de nombre Juliana, al ver el martirio de Bárbara, proclamó su fe cristiana al ser invadida de un intenso deseo de sufrir. Su deseo fue satisfecho.
Acto seguido ambas muchachas fueron exhibidas ante la muchedumbre como si se tratara de animales, y condenadas a muerte. Sin embargo, Dióscoro decidió tomar personalmente el asunto en sus manos, llevó a su problemática hija a lo alto de una montaña y le cortó la cabeza. Pero la tragedia no acabó ahí, ya que de inmediato el Señor envió un rayo y Dióscoro quedó convertido en cenizas. Como lo oyen.
Patrona de los arquitectos, artilleros, mineros, bomberos, presos y militares, protege los ferrocarriles subterráneos, las fortalezas y las torres y es invocada con singular eficacia contra los rayos, la tempestad, el fuego, la fiebre, la peste y la muerte súbita.
Resulta útil para procurar una feliz hora póstuma.

martes, 3 de diciembre de 2013

3 de diciembre

Francisco Xavier

Misionero, 1506 - 1552 
Francisco Javier o Xavier es, después de san Pablo, el más grande los misioneros cristianos. Nació en lo que con posterioridad a Sabino Arana se descubrió era Euzkadi y en aquellos tiempos era conocido por el nombre de España, aunque ya formaba parte de un mundo nuevo, extenso y redondo. Tan era así que tanto al este como al oeste de Europa se extendían vastas tierras cerriles en las que campeaba el paganismo.Siendo estudiante en París, Francisco conoció a Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, también vasco y también santo, quien le preguntó cuál sería el beneficio de ganar el mundo pero perder el alma. Pasmado, Francisco quedó sin habla, se unió a Ignacio y se convirtió en uno de los siete jesuitas primigenios.
Por orden del papa, marchó hacia el lejano oriente y luego de un
demoledor viaje de catorce meses alrededor de África, arribó en 1542 a la colonia portuguesa de Goa. Ahí trabajó durante siete años procurando reformar a los corruptos colonos y convertir a la Fe a los nativos del sur de la India y la península Malaya. 
Queda la duda de si Francisco dominaba el lenguaje malabar,
predicaba a través de intérpretes o si estaba bendecido con el don del aprendizaje rápido de idiomas. Lo que es seguro es que tomó con toda seriedad su voto de pobreza, vivió de agua y arroz y dormía en una choza. Tuvo mucho éxito entre las clases bajas, pero ninguno entre los sofisticados hindúes de la alta sociedad. 
Cuando escuchó por boca de marineros acerca de Japón, al que habían conseguido echarle una ojeada pero no visitar, marchó hacia allí convirtiéndose en el primer europeo en pisar esas islas.
Durante dos años predicó con gran suceso entre los japoneses, hasta que se le ocurrió cristianizar China. Sin embargo, fue voluntad de Dios que Francisco muriera en una pequeña isla, sin siquiera haber visto ese país, agotado por su trabajo y convertido en una piltrafa a sus apenas cuarenta y seis años.
Se dice que bautizó personalmente a cientos de miles de infieles hasta el punto que al final del día no tenía fuerzas para levantar los brazos, agotados de tanto administrar los sacramentos. Desde luego, su trabajo revestía mucha urgencia: el alma de cualquiera que muere sin ser bautizado, se encamina directamente al infierno.


lunes, 2 de diciembre de 2013

2 de diciembre

Bibiana

Virgen y Mártir, hacia 303
Hija de los mártires san Flavián (22 de diciembre) y santa Dafrosa (4 de enero) y hermana de santa Demetria (21 de junio), Bibiana fue inducida a seguir la carrera familiar por Juliano el Apóstata, a quien se le dio por reintroducir el paganismo en el Imperio Romano. Para tal fin procedió con toda lógica a perseguir a los cristianos.
Un prefecto de nombre Aproniano encerró a Bibiana (a la sazón una hermosa doncella fanatizada por el entorno hogareño) en una mazmorra junto a un hato de dementes y epilépticos.
No consta que Bibiana haya procedido a curarlos ni obró más milagros que el de mantener intactos su himen y su fe, por lo que el prefecto decidió llevarla a un burdel, es de presumir que en calidad de pupila. Pero su perseverante oración la protegía
maravillosamente contra todas las tentaciones, propias y ajenas.
Fuera de sí, Aproniano hizo que le arrancaran los vestidos, la ataran –desnuda y casta– a una columna y la azotaran con látigos cargados de plomo hasta que Bibiana se desplomó sin vida.
No satisfecho, el verdugo le clavó todavía el puñal en el pecho y arrojó su cadáver a los perros salvajes, los que, sin embargo, se abstuvieron de tocar el cuerpo, prueba incontrastable de que los perros salvajes se encuentran más cerca del Señor que los paganos.
Patrona de los epilépticos, dementes y bebedores, es invocada contra el dolor de cabeza, los accidentes, los espasmos y las convulsiones.

1 de diciembre

Domingo Sarracino Yáñez 

Caballero y mártir, m. hacia 982


Rico caballero de Zamora, tras la batalla de Simancas, en que peleó a las órdenes del rey de León don Ramiro III, fue detenido por el califa musulmán Abd-al-Rahman.
Conducido a Córdoba, lo encerraron en una mazmorra. Al negarse a renunciar a su fe, fue degollado por sus captores, mientras el muy católico don Ramiro se quedaba tranquilamente con sus propiedades.
En la actualidad algunos de sus restos óseos pueden observarse en su ciudad natal, dentro de un relicario ubicado en un nicho con reja de hierro, a la izquierda del retablo mayor de la ermita de Nuestra Señora de la Peña de Francia.